Ciencia
Qué piensa sobre el fin de la pandemia la primera científica de América Latina (2)


(Buenos Aires).- Es la primera científica de América Latina que logró desarrollar con éxito una vacuna contra el COVID-19 en el mundo. No solo consiguió con su equipo que el inoculante sea eficaz y seguro sino que está haciendo todo lo posible para que sea accesible para todo el mundo. Su vacuna se llama Corbevax, y no está patentada. Ya fue autorizada en la India y en Botsuana, y hay negociaciones para que más países puedan producirla.

María Elena Bottazzi quiso siempre ser investigadora científica para traer soluciones al mundo. Nació en Génova, Italia, pero pasó su infancia y adolescencia en Tegucigalpa, Honduras. Se graduó en microbiología y química clínica en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, y ahora está nominada -junto con el científico Peter Hotez- al Premio Nobel de la Paz por el desarrollo de la vacuna que necesitan millones de personas en este mundo, y que podría ser clave para ponerle fin a la pandemia.

Las primeras vacunas seguras y eficaces contra el COVID-19 estuvieron listas a fines de 2020. Hoy el 61% de la población mundial ya accedió al esquema primario de vacunación. Sin embargo, la inequidad sigue siendo espeluznante. Los países menos ricos dependen del mecanismo de reparto de vacunas llamado Covax, que iba a aportar 2.000 millones de dosis para finales de 2021, pero que ha recortado repetidamente sus previsiones por problemas de producción, prohibiciones de exportación y acaparamiento de vacunas por parte de las naciones más ricas. Como consecuencia, hay países como Burkina Faso, en África, con solo el 7,6% de la población con el esquema completo. En Afganistán, solo el 12% lo tiene. En Bulgaria, Europa del Este, el 29%, y en Haití, menos del 2%.

Al ser entrevistadapor videollamada, la doctora Bottazzi contó cómo llegó a desarrollar vacunas y cuáles son los escenarios sobre el fin de la pandemia. Es profesora y decana asociada de la Escuela Nacional de Medicina Tropical Baylor en los Estados Unidos, y codirectora del Centro de Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas.

¿Siempre quiso desarrollar vacunas?
Estudié microbiología en Honduras y mi tesis fue sobre la búsqueda de metodologías de diagnóstico de una enfermedad parasitaria como la neurocisticercosis, que afecta al cerebro y genera crisis epilépticas. Desde ese momento, ya me interesé por encontrar tecnologías apropiadas como vacunas para la prevención diferentes enfermedades infecciosas. Después, vine a los Estados Unidos a hacer un doctorado desde 1989, y luego hice postdoctorado.

¿Le interesaba solo investigar en el laboratorio?
En la Universidad de Pensilvania, aprendí cómo trabajaba la industria farmacéutica y entré en una maestría de administración de negocios. En ese momento, pude empezar a combinar mi capacidad para hacer investigación científica con las herramientas de gerenciamiento y emprendimientos. Más adelante, en la Universidad George Washington, empecé a trabajar con el doctor Peter Hotez, y creamos un centro de desarrollo de vacunas con una filosofía que usa las prácticas de gerenciamiento para trabajar en el campo de las enfermedades tropicales emergentes.

Con la pandemia por el coronavirus, ¿tuvieron que cambiar los planes?
No. Porque siempre hemos estado buscando brechas en la investigación y el desarrollo. En 2011 habíamos visto que las infecciones por los coronavirus se estaban convirtiendo en enfermedades desatendidas. Ya no había el ímpetu de 2003 y los años siguientes cuando se produjo la epidemia del SARS (ahora el virus se conoce como SARS-CoV-1). Tampoco había grandes fondos para hacer estudios. Entonces, incluimos a las infecciones por los coronavirus dentro de nuestro programa, y recibimos fondos de los Institutos Nacionales de Salud. Trabajamos en el desarrollo de prototipos de vacunas para el SARS y el MERS, que generó una epidemia en 2012. Entonces, cuando se produjo la pandemia por el coronavirus que causa la enfermedad COVID-19, nos resultó fácil readaptarnos para producir una vacuna. Por ese camino, llegamos a crear la vacuna Corbevax.

¿En qué se diferencia la vacuna Corbevax?
A diferencia de las vacunas de ARN mensajero y las que se basan en plataformas de adenovirus, que son tecnologías relativamente nuevas, Corbevax se desarrolló a partir de una tecnología tradicional. Está basada en proteínas recombinantes, y es una tecnología que ha demostrado seguridad y eficacia por décadas. Por ejemplo, las vacunas contra el tétanos y la difteria, la hepatitis B, la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) están basadas en la misma plataforma.

¿Cómo se produce el inoculante que usted y su equipo desarrollaron?
La vacuna Corbevax utiliza fragmentos purificados de la proteína de la Espiga del coronavirus que son producidos en células de levadura. Como la vacuna se basa en condiciones de almacenamiento estándar y a largo plazo, es posible una distribución en muchos de los lugares más pobres y remotos del mundo. Consideramos que Corbevax puede ser una herramienta frente a la desigualdad en el acceso a las vacunas a nivel mundial porque es de bajo costo, segura, y se puede producir y distribuir fácilmente. Según un estudio de Fase III entre 3.000 voluntarios, Corbevax tuvo una eficacia mayor al 80% para prevenir cuadros graves y hospitalizaciones por el COVID-19.

¿Por qué decidieron no patentarla?
Nuestra filosofía es que hay que remover barreras para incentivar a nuestros aliados y colaboradores para producir las vacunas para enfermedades desatendidas y facilitar su acceso. La idea es que este tipo de vacunas sean producidas en los países de medianos y bajos ingresos. Nunca se nos ocurrió patentar a la vacuna contra el COVID-19. Tampoco habíamos patentado los prototipos de vacunas contra el SARS y el MERS antes. Nos interesó publicar y hacer que la información esté abierta para se pueda replicar el prototipo de nuestra vacuna Corbevax. Estamos contentos que nuestro pequeño ecosistema haya producido una vacuna que es una solución. Casi no dormimos por mucho tiempo. Pero ahora dormimos sabiendo que hicimos una vacuna de manera altruista y para ayudar a las personas que no tienen la voz ni el poder para hacerse escuchar.

Y ya lo lograron en la India
Sí. En la India, ya se autorizó Corbevax para uso de emergencia y la produce la empresa Biological E. También fue autorizada en Botsuana, y hay negociaciones con Indonesia, Bangladesh y Panamá. Sería importante que haya más productores de la vacuna. En algunos países que no tienen infraestructura podrían beneficiarse con otros de su misma región. Estamos tratando de ayudar a que haya más productores que fabriquen también vacunas con proteínas recombinantes. Sería clave que aprendan a ser flexibles y diversifiquen la producción con vacunas basadas en diferentes plataformas.

¿Qué siente cuando mira la bajas tasas de vacunación en países de menores ingresos?
Es muy indignante desde el punto de vista de la especie humana. Hay tanta inequidad, pobreza. Tantas crisis y guerras. Pero hay soluciones relativamente fáciles, como las vacunas contra el COVID-19, que podrían estar disponibles para todas las personas. Durante esta pandemia, se trató de contar con una tecnología rápida como respuesta contra el COVID-19 y se logró. Pero no se hizo el esfuerzo para que haya una distribución equitativa. Hubo acaparamiento de las vacunas. Surgen más variantes y el problema está en la inequidad. En cada región, se deberían producir las vacunas y todas las personas deberían tener garantizado el acceso. Es cuestión de tener poder político y fondos. Todo empieza en la educación de líderes que piensen en la equidad.

Antes del COVID-19, usted investigó la enfermedad de Chagas. ¿Qué lecciones sobre Chagas sirvieron en la respuesta ante el COVID-19?
La enfermedad de Chagas es una enfermedad silenciosa. Muchas personas que tienen el parásito que causa la enfermedad de Chagas son pobres y no tienen voz para reclamar atención en las políticas públicas. Contar las historias es muy importante. Chagas también es una enfermedad compleja y requiere que la estrategia sea integral. El abordaje integral también se necesita para el COVID-19 desde la comprensión del virus hasta el desarrollo de los tratamientos. De nuevo, el COVID-19 debe incluir a diferentes actores, incluyendo a la comunidad.

¿Se terminará este año la pandemia?
Si logramos aumentar el acceso a la vacunación, podríamos bloquear la aparición de otras variantes este año. Pero si no logramos eso, vamos a seguir en este círculo y se podría extender a que haya ciclos de brotes en el futuro. La vacunación es muy importante junto con el uso adecuado de los barbijos, la ventilación cruzada en espacios cerrados y el distanciamiento.

¿Qué hay que aprender del coronavirus?
Hubo muertes que eran prevenibles por las vacunas y los tratamientos. La lección es que los países deben invertir en la educación, la investigación y el desarrollo y la salud pública de manera constante, y no solo cuando hay una pandemia

Fuente: Infobae 

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