Investigaciones
Direccionar las drogas; una nueva estrategia terapéutica contra el cáncer

(Buenos Aires).- Investigadores del Instituto de Ciencias de la Tierra y Ambientales de La Pampa (INCITAP) buscan, a través de un tipo de molécula, direccionar las drogas al órgano o tejido afectado por la enfermedad e intentar disminuir así los efectos secundarios en pacientes. El trabajo se realiza en un contexto en el que la mortalidad por células malignas con crecimiento y división más allá de los límites normales.">cáncer de colon en La Pampa, hasta el 2017, registró la mayor tasa ajustada en varones de la Argentina, según datos estadísticos del Instituto Nacional del Cáncer (INC).

Las estrategias convencionales para tratar tumores, como la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia, han tenido un impacto moderado pese al avance de las investigaciones en los últimos años. De los 100 tipos de cáncer que existen, el grupo, dirigido por el Dr. Javier Brescia, se focaliza sobre el que se produce en algunos órganos del tracto gastrointestinal: hígado, páncreas y colon.

Uno de los problemas que enfrenta esta patología es que se aplica a todos los pacientes un tratamiento sistémico. Esto quiere decir que una persona recibe una droga que no sólo va a afectar al órgano donde tiene el tumor, sino que también va a incidir en otros que están sanos, y así provoca efectos secundarios: una parte del fármaco circula por el torrente sanguíneo y genera toxicidad en el organismo. Para contrarrestarlos, los integrantes del grupo de investigación intentan orientar estos fármacos hacia células tumorales. ¿Cómo lo hacen? Modifican compuestos activos ya existentes y con actividad antitumoral. Gisela Weiz, doctora en Química y becaria posdoctoral del CONICET, explica que “nuestro grupo lleva varios años trabajando sobre compuestos, con la idea de incidir en sus propiedades físico-químicas; y, en estos últimos, el objetivo es dirigirlos hacia un órgano o tejido ‘blanco’”. Específicamente, se encuentran en la etapa de modificar drogas para conducirlas especialmente al órgano enfermo. Para llevarlo a cabo adicionan un tipo de molécula, denominada “glicósido”, o azúcar a las drogas. Esta conjugación permite la administración selectiva de fármacos en los sitios “blancos”. También estudian cómo afecta a otros órganos sanos.

A su vez, el equipo indaga acerca de la resistencia de cada paciente a las distintas drogas qumioterápicas. El objetivo es armar subgrupos de pacientes que resistan los tratamientos y les permitan establecer terapias más eficaces (estudio aprobado por el Comité de Ética Patagónico). Para ello toman muestras de células de personas con cáncer de páncreas para hacer ensayos in vitro: las ponen en cultivo en el Cuarto de Cultivo Celular, que está instalado en el Departamento de Química de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. “Exponemos a estas células a los tratamientos actuales y estudiamos cuáles son los pacientes que responden y cuáles no lo hacen”, dice María Inés Molejón, doctora de la Universidad de Buenos Aires e investigadora del INCITAP, unidad ejecutora de doble dependencia UNLPam/CONICET. Y agrega: “otro de los obstáculos que enfrenta el abordaje de esta enfermedad es que se aplica un mismo protocolo a todos los pacientes, sin saber si van a responder o no”. Por este motivo, buscan “marcadores moleculares”, que en su mayoría son proteínas, que les permita establecer qué tratamiento va a ser efectivo, “así éste se optimiza más”.

Los especialistas realizan, además, ensayos in vivo: usan modelos animales (ratones) en colaboración con el Laboratorio de Terapia Génica del Hospital Austral de Buenos Aires. “En ratones portadores de tumores de hígado, y que fueron tratados con las drogas glicosiladas en el laboratorio, se pudo observar una significativa disminución de la masa tumoral”, describe Weiz. Estos resultados coinciden con aquellos ensayos que habían realizado con células in vitro. De todas maneras, advierten que se trata de estudios preliminares y que aún no pueden especificar la droga que utilizan hasta que no esté concluida y publicada la investigación.

El cáncer en cifras

La Argentina tiene una incidencia media-alta de cáncer a nivel mundial. Los datos de la Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer (IARC) refieren que para el 2018 aquella fue de 212 casos cada 100 mil habitantes, considerando ambos sexos (a excepción de los tumores de piel no melanoma). El IARC estima que por año hay 125.000 nuevos casos de esta patología, con porcentajes relativamente similares para hombres y mujeres.

La Pampa, en relación con la cantidad de habitantes, es la provincia que se ubica primera en mortalidad ajustada en varones (147,8 defunciones por cada 100 mil habitantes), según los datos de INC para el año 2017. “Se desconoce por qué en esta provincia hay una alta tasa de mortalidad. Hacen falta, y serían de gran utilidad, estudios científicos”, dice Juan Ignacio Tellechea, médico especialista en gastroenterología y colaborador en el trabajo de investigación. “Sí, sabemos que los tumores tienen un origen genético y que, muchas veces, el ambiente incide de manera negativa en esa genética y en esa predisposición a desarrollar una célula tumoral”, agrega el especialista.

El cáncer de colon y recto es el de mayor incidencia en el país, si se toman en cuenta ambos sexos (en hombres prevalece el de próstata, mientras que en las mujeres el más común es el de mama) y hay un período de mayor incidencia entre los 50 y los 75 años. Por año, se diagnostican unos 15.692 nuevos casos, lo que representa el 13% de todos los tumores. Unas 7000 personas mueren anualmente por esta enfermedad, según el Observatorio Global del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Tellechea menciona que la dieta podría ser un factor de riesgo: “en La Pampa se consume mucha carne roja y hay un bajo consumo de fibras, aunque no hay estudios que confirmen que esto podría predisponer a la enfermedad”. También menciona que no se puede desconocer el consumo de grasas y que la tasa de obesidad en Argentina va en aumento. El IARC estima que en Argentina, para el año 2012, se pueden atribuir al factor de riesgo de la obesidad el 6,8% (7600) de los casos de cáncer, lo cual posiciona al país en el nivel más alto de este indicador de riesgo a nivel mundial.

La detección temprana del cáncer de colon y recto tiene una tasa de curación del 90%, lo que constituye un dato significativo, según el especialista. Esta enfermedad tiene lesiones precursoras, que se denominan pólipos, las cuales en sus fases iniciales suelen ser benignas. Pueden ser detectadas con un alto porcentaje de eficacia a través de un Test Inmunológico de sangre oculta en materia fecal o mediante una Video-colonoscopía, que permite su extirpación de manera segura y efectiva. Ambos exámenes son complementarios y son los dos métodos de screening de cáncer colo-rectal (CCR) propuestos por el INC para hombres y mujeres a partir de los 50 años de edad (sin antecedentes de pólipos o CCR personales o en su familia).

Lic. Mariano Pineda Abella

Fuente: Argentina Investiga