Pensamientos Responsables
La Grieta. Vivimos rodeados de grietas. Por el Rabino Ale Avruj

Propias y ajenas. Internas y de afuera. Importadas y exportables. Reales e inventadas, importantes e innecesarias. Actuales y anacrónicas. Intransferibles y negociables. Serias y desopilantes. Solo nuestras y de todos nosotros.

Algunas las generamos por nuestra propia inestabilidad emocional con nuestros vínculos. Agrietamos nuestras relaciones al no dedicarles el tiempo y la prioridad que necesitan. Las abrimos y hacemos sangrar dentro de nuestra alma al no saber cómo salir de ese abismo emocional.

Sentimos el temblor del quiebre, y la fisura del alma ante lo incierto que nos depara el tiempo. Las dificultades las pérdidas y el enfrentarnos a destinos que nos enrostran nuestra fragilidad humana, agrietan incluso nuestro rostro. Y cada arruga, cada grieta de nuestro semblante es una marca no solo del paso del tiempo, sino de lo que debimos atravesar, aprender y llorar ese tiempo.

Como sociedad, nos agrietamos en divisiones sociales que justificamos en diversas discursivas, o criticamos sin desplegar todos los recursos de nuestras responsabilidades.
La grieta abismal que separa a aquellos que más tienen de aquellos que menos poseen, la vemos acentuarse mientras nos vemos a nosotros mismos en modo reposo, en formato de resignación y conformismo.

No solo el grito y la amenaza agrieta. También el silencio y la aceptación.

La grieta de los últimos años en nuestra Argentina duele, divide, aleja y se transforma en refugio de quienes se aprovechan e ella.

Fue una grieta inventada, una herramienta inteligente para un fin vil.

La profundización de las divisiones desde la retórica salvífica, enarbolada desde intereses mezquinos.

Se agrietó a toda una sociedad en nombre de grandes ideales, que eran apenas de máscaras de búsquedas efímeras, y miserias disfrazadas de riquezas.

Der lo que no hay dudas, es que hay quienes han sufrido y hay quienes han lucrado con la fisura pseudo ideológica de los últimos años.

Sin embargo…”No hay nada más entero que un corazón roto”. Esta reflexión es una de las bellezas emocionales de la sabiduría del Rabbi Menajem Mendl de Kotzk.

Aquello que está quebrado, roto, agrietado, puede ser una ventana para el desarrollo del espíritu. Un campo fértil para el crecimiento y la renovación.

“Mimamakim keratija lah”, “Desde las profundidades te invoque, dios”. (Salmo 130:1), grita el salmista hace milenios, haciéndonos comprender desde el quiebre de las emociones y de las relaciones, que debemos aprender a reinventarnos.

Abraham J. Heschel observa la imagen de los judíos peregrinando por siglos al muro de los lamentos como un hermoso retrato acerca de lo que es la plegaria:

“Hay un muro erigido entre el hombre y dios, y ante el muro debemos rezar, buscando una grieta, una ranura, a través de la cual puedan penetrar nuestras palabras y llegar a dios, que se haya detrás del muro (…) La tragedia es que muchos de nosotros ni siquiera sabemos donde queda el camino que lleva el muro”.

Rezar frente al muro.

La plegaria es la búsqueda de crear puentes.

Intentando llevar los suspiros a través de las pequeñas hendijas. Las grietas.

La plegaria es la búsqueda del encuentro con el ministerio que se encuentra oculto. La plegaria busca tender puentes entre el hombre lleno de búsquedas e incertidumbres y la dimensión de lo divino en donde sentir refugio y contención.

Y en esa misma imagen, podemos ver como la plegaria se transforma en un puente con todas las voces del pasado que intentaron mantener esa conversación del espíritu. Al repetir sus mismas voces a través de las hendijas del tiempo, la oración se hace melodía que teje un lazo de eternidad entre las generaciones.

Sin embargo, la religiosidad más profunda es aquella que intenta acercar al hombre más que con dios, con el mismo hombre. El muro que nos separa del otro es atravesado por las plegarias que llaman a acompañar un alma quebrada, un corazón debilitado, un vínculo roto, o un amor que necesita crecer.

Por último, la plegaria intenta hablarle al muro que levantamos dentro de nuestra propia alma. A esa persona que se oculta, detrás de lo que aparentamos ser o querer ser. La oración busca llegar por las fracturas del espíritu al ser que habita de manera divina dentro de nosotros.

Cuando sentimos que esa oración atraviesa esos muros, es cuando sentimos finalmente la presencia del mismo dios.

El desafío espiritual de este tiempo es el de transformar nuestras grietas en oportunidades.

Transformar nuestras oraciones en experiencias espirituales que nos permitan tender puentes del otro lado del muro que hemos levantado.

Tenemos que volver a buscar el camino a ese muro.

Bucear en sus grietas y suspirar a través de ellas las palabras, las oraciones, y el dialogo constructivo y creativo que vuelva a tejer un lazo amoroso, solidario, virtuoso y humano.

Nuestra Argentina lo vale.
Nuestra sociedad lo espera.
Nuestra familia lo necesita.
Nuestra responsabilidad lo pide.
Nuestra alma lo busca.

Por el Rabino Ale Avruj 
Fuente:  Revista de la Facultad de Ciencias Economicas y Empresariales-TRIPLE HELICE- numero 2.